No contra algo, sino por algo
Nuestra política no se mueve por el rechazo, sino por la construcción. No buscamos adversarios, sino aliados para construir un futuro común.
Principios
Nuestra política no se mueve por el rechazo, sino por la construcción. Es según los principios siguientes como pensamos el futuro de Hungría, y constituyen la base común de cada una de nuestras decisiones.
Nuestra política no se mueve por el rechazo, sino por la construcción. No buscamos adversarios, sino aliados para construir un futuro común.
Estamos comprometidos con el marco europeo de cooperación. Hungría es fuerte cuando es un miembro útil y respetado de la Unión, defendiendo al mismo tiempo sus propios intereses con valentía e inteligencia.
El pasado es herencia, el futuro es una decisión. Creemos que, apoyándonos en nuestras tradiciones, podemos construir un futuro que transmitiremos con orgullo.
El éxito del siglo XXI depende de la innovación. En tecnología cuántica, inteligencia artificial y soluciones digitales, Hungría debe liderar la región, no seguirla.
La política del pasado no puede crear un futuro nuevo. El verdadero cambio no reside solo en las personas, sino en la tecnología, un funcionamiento transparente y nuevos métodos.
El progreso duradero no nace de la improvisación. Construimos procesos bien organizados, predecibles, transparentes y sostenibles.
Construir el futuro no es un proyecto, sino una actitud. Creemos que la creación de valor, el trabajo conjunto y el pensamiento a largo plazo pueden dar a Hungría un nuevo patrón cultural.
El camino del progreso no es la agitación ni la exclusión. Defendemos una cultura de cooperación y escucha, donde los debates no abren abismos, sino que crean nuevos niveles.
El miedo y la ira destruyen. Es hora de volver a confiar los unos en los otros y, sobre esa base, reconstruir nuestro país. El motor de la acción común son la energía positiva, la confianza, el servicio al bien común, la fe y la esperanza.
Los principios de la construcción del futuro
No podemos quedarnos anclados en el pasado: debemos construir sobre valores y objetivos comunes. La patria no es un eslogan de campaña y no puede ser apropiada por nadie. El fundamento de una Hungría fuerte son la unidad y la cooperación; no hay lugar para la discordia. Debemos definir qué significa ser húngaro hoy: no detenernos en lo que nos separa, sino en lo que nos une.
Una Hungría del siglo XXI es un Estado de derecho limpio, transparente y bien organizado, donde el dinero público sirve a las personas, los mejores tienen su oportunidad, y la educación, la sanidad y la protección del medio ambiente descansan sobre bases duraderas. Donde los fundamentos de la convivencia y de una cultura del debate se aprenden ya en la escuela — un país del que nuestros descendientes dirán: «Estoy orgulloso de lo que nos habéis dejado.»
Uno de los mayores tesoros de nuestro país es el talento y la laboriosidad de su gente. Como muestran los países más prósperos del mundo: no son los recursos naturales los que enriquecen a una nación, sino el espacio que da a las capacidades de sus ciudadanos. Venezuela tiene petróleo, Finlandia no. Angola tiene diamantes, Singapur no. Y, sin embargo, estos últimos son mucho más ricos y desarrollados, porque el país se apoya en el conocimiento, la salud y la laboriosidad de su gente.
Somos una nación talentosa. El futuro de Hungría reside en una sociedad basada en el conocimiento, donde cada persona tiene la oportunidad de desarrollarse, aprender y prosperar.